EONCIO Sainz, Jesús Mari Arana, Santos Santamaría, Iñaki García Arrizabalaga fueron ayer en el Kursaal de San Sebastián las víctimas del terrorismo encargadas de dar voz a todo un colectivo que vive con dolor la pérdida de un ser querido. Son los representantes de decenas de asociaciones, de más de 500 personas presentes ayer en la capital donostiarra que, con su asistencia, quisieron dar valor al acto organizado por las instituciones vascas. Una reunión que potenció, desde la emoción, conceptos como dignidad humana, sufrimiento, humildad y respeto. Emoción, la que demostró a lo largo de toda la mañana la principal artífice del encuentro, Maixabel Lasa. Dignidad humana, la que defendieron todas las víctimas del terrorismo presentes por voluntad propia. Humildad, la que emanaba de todos y cada uno de los testimonios relatados en primera persona. Y respeto, el demostrado por la sociedad y por las instituciones en una mañana para el recuerdo. "No queremos olvidarlas", frase pronunciada por uno de los presentes, podría resumir el espíritu del acto. Sin embargo, fueron tantas las emociones cruzadas, los abrazos, los gestos de comprensión y cariño desde la honestidad, que cualquier intento de acotar y resumir el acto pecaría de falso. Lo que se vivió en el Kursaal fue un grito contra la resignación. La reunión de voluntades individuales convertidas en un todo en busca de la definitiva deslegitimación del terrorismo. Una llamada a toda la sociedad vasca para que reactive su compromiso activo contra la violencia. Y lo más importante: que las cámaras de los fotógrafos y de las televisiones plasmen en imágenes ese paso adelante de la sociedad y las instituciones vascas hacia las víctimas. Porque esas imágenes engrosarán los archivos del recuerdo. Precisamente porque faltaban hasta ahora. Acciones concretas como esta desterrarán la vergüenza que todavía impide comunicarse con una víctima del terrorismo. Sobre homenajes con nombres y apellidos sí se puede construir otro tipo de sociedad, en la que esté garantizada la libertad individual, en la que marquen las guías hacia el futuro conceptos como justicia, memoria y reconocimiento. Ayer el dolor del olvido fue el protagonista. Toda la sociedad debe implicarse ya para que el olvido se convierta en pasado.