Editorial
NaBai, frente al espejo
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| en democracia, los partidos políticos únicamente sirven a la sociedad si se configuran en efectivos cauces de participación ciudadana para un fin superior, el interés general, concepto por otra parte siempre poliédrico. Aralar, EA, Batzarre y PNV supieron arrinconar sus legítimas diferencias para abogar sin complejos por el cambio en Navarra, conformando una coalición con un proyecto reformista que amalgamara y excediera el corpus ideológico de las formaciones que la integran y que, en consecuencia, sedujera a ciudadanos que no se encuadraban en los tradicionales nichos electorales vasquistas o del nacionalismo vasco en su acepción convencional. El objetivo anunciado por sus promotores de convertirse en la segunda fuerza política de Navarra por detrás de UPN -y por delante del PSN- quedó plenamente satisfecho en las pasadas elecciones autonómicas con la consecución de casi 80.000 sufragios y doce escaños en el Legislativo foral (además de, en la vertiente municipal, alcaldías bien significadas como Barañáin, Villava, Berriozar o Zizur, entre otras). Todo ese caudal de votos y de ilusión hubiera exigido mayores dosis de responsabilidad y de sensatez por parte de algunos cualificados miembros de NaBai que, en vez de erigirse en el pegamento de la coalición, han acabado por desgastarla en un solo año con unos comportamientos personales que cabría calificar de estrambóticos. Otras posiciones, como la adoptada esta semana en el Parlamento pese a la condena del asesinato de Legutiano, tampoco han contribuido a consolidar una imagen de apuesta de gobierno, que NaBai tiene vocación de algo más que de férrea oposición, que también (y ahí radica otro de sus valores añadidos). En fin, que el proceso de debate sobre el modelo de funcionamiento que se iniciará formalmente el 6 de junio debe servir para corregir las disfunciones registradas, que por otra parte no han hecho sino erosionar la imagen labrada en el Congreso de los Diputados por Uxue Barkos, probablemente, el perfil más sólido y con mayor credibilidad de NaBai. Los partidos integrantes de la coalición se enfrentan a un nuevo reto, tal vez de mayor generosidad que la acreditada para alumbrar el proyecto: ceder todo el protagonismo a la sigla común. CiU ya ensayó la fórmula con notable éxito. |
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