pongamos que a una criatura no la aceptan en una escuela infantil pública por ser negra. El escándalo sería mayúsculo. Bien, pues a nosotros no nos han cogido a la cría en la guardería por ser euskaldun. Y encima no es una discriminación coyuntural sino estructural. Que en Pamplona solamente existan dos escuelas infantiles públicas en euskera no es una casualidad sino una jugada perfectamente calculada: en sus nueve años como alcaldesa, nuestra primera edila no ha abierto una sola guardería euskaldun. Entre las dos existentes, Egunsenti e Izartegi, solamente ofertan 88 plazas. Son un octavo del total. En Educación Primaria el modelo D acoge a un tercio del alumnado. El déficit de plazas en el ciclo de 0 a 3 años resulta evidente. En la preinscripción única para todas las escuelas infantiles públicas sólo se pueden marcar dos centros. Así las cosas, si eliges los dos que ofertan euskera, el riesgo de quedarte sin plaza aumenta exponencialmente. El nuestro resulta un ejemplo palmario: preinscribimos a nuestra cría en Izartegi y Egunsenti. Acabamos de saber que no la han cogido. Con los puntos que tiene, hubiese sido aceptada en la guardería pública más cercana a nuestra casa, que trabaja únicamente en castellano. Ni que decir tiene que también habría entrado en la escuela infantil José María Huarte: funciona en inglés y en ella -oh, my god! - han quedado plazas vacantes. El pintor de Machín no pintaba angelitos negros. Nuestra primera edila no escolariza niños euskaldunes. Habrá quien esté cansado de este tipo de denuncias. Reconozco que somos un poco pesados. Pero los realmente pelmas son ellos. Estudié en la Ikastola Municipal. Fueron años de alegalidad, de clases de protesta en los porches de la plaza del Castillo, de barracones supuestamente provisionales que hacían las veces de aula durante lustros. Superando aquellos obstáculos se ha conseguido una enseñanza pública euskaldun de calidad, a la que, tres décadas después, los mandatarios de turno siguen poniendo trabas. En los años de la ikastola nunca habría imaginado que mi hija sufriría este tipo de problemas. Esperemos que mi nieta tenga más suerte. Aunque, nunca se sabe: éstos son más cansos que las maracas de Machín.