mediados de los años 60, en plena carrera espacial entre soviéticos y estadounidenses por llegar los primeros a la Luna, el poderío espacial soviético se demostró en el desarrollo de un sistema de cohete y nave que podía subir cosmonautas al espacio con gran eficiencia. Es cierto que al final la carrera lunar la ganaron los yankis con su Apolo 11 posándose en el Mar de la Tranquilidad (en efecto, llegaron, y si cree usted que no, es que es imbécil, míreselo). Pero el programa Unión , es decir, Soyuz , ha sido el principal hito en la historia de la astronáutica de todo el mundo.
En el año 73 subía al espacio la Soyuz-13. Eran tiempos de Brezhnev y de grandes éxitos de la cosmonáutica soviética. La misión decimotercera fue un éxito y permitió poner en órbita dos telescopios espaciales. Con el tiempo, el programa Soyuz fue mejorando. En 1980, comenzaron a llamarlas Soyuz-T , y en 1985 subió al espacio la Soyuz T-13 . Eran tiempos de Chernenko, pero aún existía la Unión Soviética y el comunismo ruso.
En 1986, un nuevo desarrollo permitió un cambio de nombres: las misiones se llamaron entonces Soyuz TM . Y la Soyuz TM-13 voló hasta la estación Mir, en el año 91, meses después de la dimisión de Gorbachev y un mes antes de la desaparición de la URSS. Ya como Federación Rusa, a partir de 2002, la Soyuz tuvo otro nombre para las misiones que han permitido construir la Estación Espacial Internacional. Y ahora llegaba el turno de la Soyuz TMA-13 , pero no va a ser así.
Porque un imbécil que cree en la mala suerte del número 13 ha decidido saltar de la 12 a la 14. El responsable de la agencia espacial rusa, llamado Anatoly Perminov pasará a la historia como el ignorante peligroso que truncó una historia de logros espaciales por una superstición. ¿Y éste es el sujeto que lleva la tecnología rusa al espacio? Seguro que cruza los dedos, o toca madera, también, la criatura...