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tribuna abierta
Por qué el socialismo navarro no es de izquierdas
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por paco roda

Q
UIZÁ ni siquiera sea una preocupación en la sede del paseo de Sarasate. No obstante, la duda lleva tiempo en la calle. Me refiero a lo siguiente: el actual socialismo navarro, lejos de ser una opción de progreso, lo es más bien de retroceso. Más que de izquierdas, es una opción de centro hipotecada por la derecha sanzista a la que rinde obediencia debida para mantener vivo el falso mito de la gobernabilidad de Navarra. Y es que, el PSN se ha reformateado en un partido rehén de las políticas más conservadoras. Algunos socialistas, alarmados por el qué dirán, se prestan a desmentirlo: no somos conservadores y además, la única opción de cambio de izquierdas somos nosotros, sentencian temerosos de perder la patente de gobernabilidad progresista.

Pero no queda más remedio que nombrar a las cosas por su nombre. Llevo tiempo siendo muy crítico con los socialistas navarros. Cierto. Algunas amistades me lo reprochan. Insisten en que con ello le hago el juego al sanzismo. No es cierto. Son ellos, los socialistas, los que llevan tiempo seducidos por el taciturno encanto de Sanz. Y es su responsabilidad. E insisten, quienes me regañan, que los socialistas navarros todavía pueden salvar su alma, si no revolucionaria, si al menos progresista. Lo dudo. No que salven su alma, sino que sean, ni siquiera progresistas. Otros me recuerdan que, se quiera o no, la gente que les vota y confía en ellos, es gente de izquierdas. Y ése es el activo que los blinda ante toda crítica. Puede ser. Otra cosa es que ellos ejerzan de tales a estas alturas de la historia. Pero, sinceramente, uno sólo le reconoce al socialismo navarro actual el currículum caducado de una banda de socialdemócratas en bancarrota tratando de sobrevivir de una política de saldo. Habla la realidad; pese a su deconstrucción.

Pero uno está obligado a explicar este proceso de desaceleración ideológica del socialismo navarro si quiere ser creíble. Y para ello expondré las siguientes tesis sabiendo que ello no es fácil. Porque los socialistas han ganado las elecciones y en Navarra han sido la segunda fuerza más votada. Para explicar esta deserción izquierdista uno cree que los socialistas navarros quizá podían ampararse en el teorema de la imposibilidad del socialismo descubierto por los teóricos de la escuela austriaca, Mises y Hayek. Pero no lo han hecho. Quizá por desconocimiento. Lo que sí han acuñado es otro teorema de alcances míticos: Navarra es y será ingobernable al margen de un proyecto socialsanzista. Socialistas y sanzistas están llamados a perpetuarse más allá del juicio final de esta Comunidad y a ser compañeros de viaje hasta la eternidad. Porque al margen de ellos, sostienen, nada es viable ni posible en esta tierra. Ni progreso, ni democracia, ni bienestar, ni justicia, ni desarrollo, ni cohesión social, ni nada de nada sin ellos, ¿Acaso esto no es hacerle mobbing político a la ciudadanía y al resto de fuerzas políticas? Pues sí. Pero aquí no pasa nada. Este posicionamiento, quizá único en el Estado, estrangula la acción política de forma reaccionaria. Y ello genera unas gravísimas consecuencias políticas e institucionales. Quizá el tiempo venga a confirmar la degradación de las instituciones forales y la progresiva necrosis y grangenización de las relaciones de poder y contrapoder que circulan por las administraciones públicas y sus mecanismos de control.

Por otro lado, tal vez los socialistas navarros ya no crean en la lucha de clases. Ni en la oposición entre derecha e izquierda que dio vitalidad y legitimidad a la democracia representativa, la cual se formó en momentos de gran intensidad de la lucha de clases. Y es que cuando ese conflicto entre burguesía y proletariado era evidente y visible, la oposición derecha-izquierda resultaba indiscutible. Pero la estructura de clases se ha complejizado y el conflicto, a falta de una alternativa creíble al propio capitalismo, no encuentra fácil resolución. Por eso, los socialistas navarros quizá prefieran gestionar el mundo a cambiarlo sin importarles el precio ideológico de tal renuncia. Estas dos resistencias reaccionarias proceden de las nuevas corrientes político filosóficas que están influyendo en la socialdemocracia europea y que deslegitiman a la política como motor de cambio social. De éstas participan los socialistas navarros. Pero no por asimilación, sino por degradación. Y es que la soberanía del pueblo, baluarte de la democracia por antonomasia, ha desaparecido engullida por la soberanía del individuo, cuando no por la de la comunidad. Ésa que ensalza Sanz al hablar de la Navarra diferenciada y que sustentan los socialistas. Y en esa sociedad, la dimensión pública y de lo público ha sido sustituida por la sociedad política del mercado y por la sociedad del mercado político. El resultado es una democracia a dieta que desarrolla un sistema que exalta más nuestros vicios que nuestras virtudes. Una democracia que, como afirma el filósofo francés Pierre Rosanvallon en su libro La contrademocracia, depende cada vez menos de las elecciones y más de la vigilancia y la presión ciudadana que nace de la desconfianza en los políticos y las instituciones. De ahí que las nuevas militancias sociales, lejos de sustentarse en la ruptura y la transformación, se vean obligadas a ejercer de vigilantes y estabilizadores del deteriorado sistema democrático.

Uno cree que estas dinámicas políticas se están instalando en Navarra. Y el PSN es responsable de ello al sustentar a un partido de derechas en el Gobierno. Sabemos que esta decisión fue tomada en Ferraz por motivos electorales. Vale, pero eso demuestra cuatro cosas: la poca valentía de los dirigentes navarros, la poca autonomía de los mismos, el control del partido navarro por sus barones más conservadores, y el escaso peso estatal de esta ejecutiva provincial. De ahí mi fundada sospecha que el socialismo navarro no sea ya de izquierdas.

Ahora bien, no sólo basta con describir el proceso de desideologización izquierdista del socialismo navarro y fundarlo en teorías más o menos creíbles. Lo importante es buscar la razón, la causa de esta apostasía progresista. El lento progreso de derechización del socialismo navarro viene de lejos. Desde que en 1991 los socialistas perdieran el Gobierno después de siete sospechosos años en el poder con Urralburu al frente, el giro copernicano de sus intereses ha sido espectacular. Los casos Urralburu y Otano generaron una gran crisis interna y un no menos rechazo electoral que se manifestó en las elecciones de 1995, donde el PSN descendió de 19 a 11 escaños. Con ellos se inició la necrosis socialista y quizás emergieran las luchas entre los conservadores y los socialistas críticos. Mientras tanto, la derecha más conservadora se hizo con el poder y en él lleva instalada desde 1995.

Pero si uno tuviera que apostar por la razón última de este socialismo del acomodo, por esta hegemonía del social delicatessen de derechas, diría que tanto socialistas como sanzistas se necesitan mutuamente. Para mantener una serie de privilegios que, primero son políticos, y segundo personales, tal vez éstos los de más peso. Y es que, la derecha navarra, y no pocos socialistas de carné a los que hay que recompensar por su nihilismo militante, controlan los principales puestos de gestión y responsabilidad de la economía navarra, los medios más potentes de comunicación, los espacios de la alta gestión y los puestos de mayor y mediana responsabilidad pública. El alto funcionariado y los puestos de dirección publica están copados por gentes afines al sistema. O, al menos, no incómodos al mismo. Las empresas públicas no escapan de este control, así como algunas privadas que ejercen una gran intervención en la sociedad navarra. El Opus Dei, generador de grandes movimientos dinerarios y enormes influencias de poder, necesita una coartada política que sólo el socialsanzismo puede proporcionar. Y muchos socialistas están empantanados en esta red clientelar que hipoteca sus vidas y sus ideas. Si es que les queda alguna. En este semicorrupto sistema de cooptación, romper amarras con la derecha no es fácil. Porque en ello les va el comer caliente cada día. Y uno cree que ésta es la razón principal para no incomodar a la derecha. Ojalá que tanto la Plataforma por el Cambio en Navarra, impulsada por militantes del PSN-PSOE del sur de Navarra, o el foro por el relanzamiento del socialismo navarro, dinamicen un movimiento crítico de reizquierdización del socialismo navarro. Porque la memoria de este partido en Navarra así se lo merece. (*) Trabajador social

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