lAS tarjetas continúan ganando terreno al efectivo en España. Si en 2002 los importes pagados con dinero de plástico suponían apenas el 56% de las cantidades totales retiradas en los cajeros, en 2007 esta diferencia se redujo apenas a 21,5 puntos. Así, las cantidades abonadas con tarjeta suponen ya el 78,46% de las extracciones de los cajeros y los márgenes no dejan de estrecharse: en el cuarto trimestre esta diferencia apenas era ya de 17 puntos.
¿Seguirán ganando terreno las tarjetas ante el efectivo? Parece probable que así sea. Las operaciones de compra en comercios con terminales de punto de venta (tarjeta) crecieron en 2007 casi un 17% respecto al año anterior, mientras que las extracciones de efectivo en cajeros se incrementaron apenas un 2,54%. Se trata asimismo de una tendencia consolidada, como puede observarse en los gráficos de la derecha. No sería extraño por tanto que, de mantenerse el actual ritmo, en 2015 las tarjetas movieran más dinero con sus pagos que los cajeros. De hecho, el número de operaciones con uno y otro medio, que era muy similar en 2002, refleja ahora mismo una clara ventaja para las tarjetas: 1.830 millones de operaciones frente a 1.011 millones de extracciones de los cajeros. Pero, ¿veremos el fin de los billetes como medio de pago corriente? Este horizonte parece bastante más alejado, sobre todo cuando en España se encuentra el 25% del total de los billetes de 500 euros que circulan en toda Europa y cuando los intereses creados alrededor del efectivo son poderosos y muy variados.
El efectivo
Fraude fiscal y actividades al margen de la Ley
Porque el uso del efectivo, además de ser una fuente de ingresos para el Banco de España (unos 2.300 millones de euros por derechos de emisión), se encuentra arraigado de modo profundo en las costumbres de los ciudadanos. Un porcentaje, pequeño pero no despreciable, se resiste a la bancarización y rechaza en la medida de los posible pagar con una tarjeta de crédito o de débito. Pero junto a ello, el dinero contante y sonante, las grandes cantidades de billetes, aparecen vinculadas a actividades delictivas de todo tipo, desde el fraude fiscal hasta el narcotráfico y el terrorismo.
Los últimos datos publicados por el Banco de España indican que en España había en circulación 112 millones de billetes de 500 euros, el 24,83% de los 451 millones que se mueven en la zona euro. Estos billetes (dos millones menos que el año pasado) rara vez son empleados en el día a día, pero concentran el 66,24% del efectivo total existente en España y concentran una parte nada despreciable del fraude fiscal. De hecho, Hacienda Tributaria estima que el 80% de los billetes de 500 euros de España se encuentran repartidos entre Madrid, la Costa del Sol y Levante, por lo que en estos territorios se halla el 20% del total de billetes de Europa, así como una enorme cantidad de dinero negro. Hacienda considera asimismo que inmobiliarias, restaurantes y gasolineras son los principales receptores de estos billetes.
Pero el fraude no se encuentra sólo en los billetes grandes. El efectivo resulta siempre opaco, sea éste del tamaño que sea. Las actividades profesionales que esquivan el IVA -¿le cobro con factura o sin factura?- o el pago de millonarias comisiones destapado en Marbella y en otros puntos de la costa española ilustran que, detrás de cualquier actividad irregular, se esconde siempre el dinero en efectivo. Por ello, y porque los billetes aparecen en gruesos fajos cuando se desarticula un comando terrorista o se detiene a una red de tráfico ilegal de inmigrantes, empiezan a oírse voces que reclaman un mayor control de los pagos en efectivo. Ya hay quien solicita incluso la supresión paulatina del dinero en efectivo y, en especial, de los billetes.
La asociación de técnicos de Hacienda, Gestha, fue una de las primeras entidades en implicarse en el primer asunto. Especialmente sensibilizada en la lucha contra el fraude, hace ya dos años reclamó a Hacienda la creación de un censo para todas aquellas personas físicas o jurídicas que reciban o entreguen billetes de 500 euros. Su propuesta no encontró el apoyo necesario para salir adelante, si bien Hacienda inició unas 12.000 inspecciones a operaciones llevadas a cabo con billetes de 500 euros. Más contundente es por ejemplo la propuesta de Enrique Sáez Ponte, ex director comercial de Banco Pastor. En su estimulante obra La energía oscura del dinero (Netbiblo 2007), desglosa las evolución de los diferentes sistemas de pago (monedas, billetes, cheques, tarjetas) a lo largo de la historia y propone el paso ordenado hacia una sociedad que arrincone el pago en efectivo en aras de la transparencia.
las tarjetas
Pérdida de privacidad y comisiones al comercio
Demasiada transparencia tiene su sin embargo sus peligros. Porque las tarjetas dejan rastro y cualquier operación efectuada con ellas queda registrada. El caso del concejal mallorquín del PP que pagó 40.000 euros con una tarjeta en clubes de alterne ha dado una buena prueba de ello. Gracias a la tarjeta, que cargaba sus operaciones contra una cuenta de dinero público, se ha sabido no sólo que frecuentaba clubes de alterne, sino el tipo de clubes que prefería y hasta las horas (de cuatro a siete de la madrugada) a la que se efectuaban los pagos. Nada de esto se hubiera sabido, salvo que gastó mucho dinero público, si hubiera retirado el dinero de un cajero y pagado en efectivo.
La capacidad de vigilancia que concedería al Estado un sistema de pago que excluyera al efectivo es uno de los principales argumentos de quienes defienden la permanencia sin restricciones del efectivo. Según Sáez Ponte, para evitarlo sería necesario un sistema de protección de datos eficaz, así como una oferta amplia de suministradores de tarjetas de pago. "Por ello, una economía sin efectivo sólo sería posible en una sociedad democrática", explica en el libro.
El rechazo al uso de las tarjetas de crédito se asienta asimismo en las comisiones que deben pagar a los emisores de tarjetas quienes aceptan cobrar de este modo. Todavía hoy es posible encontrar limitaciones en algunos comercios, y su uso no se ha extendido en aquellos servicios que funcionan con pequeñas transacciones, como bares y taxis. Estas comisiones, llamadas eufemísticamente tasas de descuento, han ido rebajándose sin embargo de modo continuo en los últimos años, pero todavía resultan significativas en el comercio minorista (1,20% de media) o en la discotecas, donde alcanzan el 2%. Según los datos del Banco de España, la tasa media de comisiones ha pasado de un 1,59% en 2002 a un 0,97% en el cuarto trimestre de 2007, último periodo del que existen datos. En los supermercados, esta comisión se mantiene en el 1,1% y alguna de las firmas de descuento exigen un gasto mínimo de 30 ó 50 euros antes de aceptar las tarjetas. Tras el acuerdo firmado en 2005 por Servired, Euro 6000 y 4B, la caída en las tasas se ha acentuado (del 1,52% al 0,97%) y los expertos consideran que todavía existe cierto margen de rebaja, siempre que el uso de las tarjetas y su distribución continúe extendiéndose. En la actualidad existen ya 75 millones de tarjetas (43 millones de ellas de crédito) y su número viene creciendo a razón de un 6% al año, por lo que cabe suponer que esta tendencia no se frenará de modo inmediato.
a futuro
¿Y si no hubiera efectivo?
El estudio de Sáez Ponte estima asimismo en unos 56.000 millones de euros los beneficios que proporcionaría a la economía española la supresión del efectivo. 43.000 millones recaerían en las arcas públicas y otros debido, entre otras razones, al mayor control del fraude fiscal, a la supresión de buena parte de una economía sumergida que representa el 20% del Producto Interior Bruto y a las dificultades que encontrarían los grupos de delincuencia organizada para desarrollar su actividad. A fin de cuentas, siempre resultaría más sencillo rastrear y detener a un terrorista que cobra su extorsión mediante transferencia bancaria o a quien paga alegremente con la Visa en el mercado ilegal de armas.