pamplona. La apuesta por las políticas sociales, el compromiso con la convivencia para la pluralidad, la voluntad de seguir apostando por la Alianza de Civilizaciones en el plano internacional y la promesa de respeto ante el contrario frente a la crispación que, a su juicio, genera la derecha, fueron las ideas fuerza que el presidente del Ejecutivo central y candidato del PSOE a la reelección, José Luis Rodríguez Zapatero, quiso transmitir en el mitin que ayer ofreció en Pamplona. La cuestión del cambio en Navarra, el veto de Ferraz a ese anhelo y la frustración generada por tal decisión, la saldó Zapatero con una única referencia: "Hemos preferido mantener la convivencia al afán de poder y a las poltronas".
Eso sí, el candidato socialista quiso agradecer a la militancia del PSN su lealtad "aún ante las cosas difíciles" que hubieron de soportar el pasado verano y dijo sentirse "orgulloso y seguro" de ellos.
pedir perdón A partir de ahí el grueso de su intervención se dirigió a contraponer la bondad de la apuesta socialista frente a la "crispación" y a la "mentira" que, a juicio del PSOE, representa el PP. Pero incluso en esto, y en referencia a Navarra, no pudo profundizar ante la evidencia de que aquí gobiernan los socios de los populares (por UPN) gracias al apoyo socialista (un espontáneo se lo reprochó). Al respecto se limitó a asegurar que el PP "tiene una deuda pendiente con Navarra" y que ha de "pedirle perdón" por decir que iba a ser entregada "a no sé quién", en referencia al fracasado proceso de paz. Zapatero sentenció que "en eso también faltaron a la verdad para generar crispación. Ni España se rompe, ni la familia se rompe y, por supuesto, tampoco Navarra". Añadió que él puede decir "con la mirada alta" que ha gobernado "respetando los principios y la palabra dada", y también en Navarra donde, dijo, "frente al insulto y la descalificación, antepusimos el sentido de la responsabilidad". A su juicio, si el líder del PP, Mariano Rajoy, no aparece en las vallas electorales de UPN, es "porque no puede explicar todo lo que dijo de los socialistas, a quienes acusó de entregar Navarra a los terroristas".
pluralidad Ya en clave nacional, el candidato socialista volvió a utilizar el "desprecio" mostrado por Rajoy a los artistas que apoyan a Zapatero para contraponerlo al "respeto" que él mismo muestra ante quienes apoyan a su rival "aunque no comparta sus ideas". Este argumento le sirvió para sentenciar que "en este país no se es ni se será presidente si se descalifica a la gente valiosa que nos representa". Tal postura, a su juicio, no es "patriota" ni refleja la fortaleza necesaria en la defensa de los "principios democráticos". En un guiño a los presentes y recordando la última y polémica Cumbre Iberoamericana, preguntó a la concurrencia "¿alguien se imagina a Rajoy o a Aznar defendiéndome?".
El presidente del Ejecutivo central insistió en la idea de convivencia como única fórmula para respetar la pluralidad del país y hacerlo desde la armonía. Se preguntó si eso lo podría hacer alguien que "ni siquiera es capaz de integrar en sus listas a Gallardón por ser sospechoso de poco leal". Siguió incidiendo en la idea de la pluralidad aprovechándola para asegurar que el PP anhela "tiempos pasados" en los que este concepto ni se valoraba. Así, puso como ejemplo al ex ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, quien dijo que "ya no hay camareros como antes". "¿En qué estaba pensando?", se preguntó Zapatero para contestarse a sí mismo: "En que antes los trabajadores debían ser serviles y agachar la cabeza delante del señorito. ¡Eso ya ha pasado!", gritó entre el aplauso de la concurrencia.
con los humildes Ese argumento le dio pie a exponer la tercera gran línea discursiva; la apuesta por las políticas sociales. La resumió diciendo que "el alma de la democracia es la igualdad", y frente a la fórmula de "exclusión" que fomentan los populares, Zapatero enarboló la bandera de la "integración". Así, por ejemplo en política de inmigración, aseguró que la "añoranza" del PP a tiempos pasados y sus propuestas en la materia esconden una "visión clasista" de la sociedad. Se preguntó si miran con el mismo recelo a los "trabajadores" extranjeros que a los "multimillonarios" y sentenció que la idea de justicia social de los populares es "firmeza con los débiles y sumisión con los poderosos".
Esa máxima también la aplicó a la política internacional en la que el PP apuesta "por la guerra y la foto de las Azores", en vez de la línea de los socialistas que lo hacen "por la paz" con la fórmula de la Alianza de Civilizaciones. Zapatero resumió su mensaje invocando un país "que esté a la cabeza del mundo en prosperidad, pero también en dignidad". Así pidió el respaldo el 9-M desde "la alegría" y auguró que ese día "no se va a romper España, lo que se va a romper es el PP".